15/8/24 – Español |
Miro la página y no puedo encontrar una forma de condensar todo lo que quiero decir en un artículo, y a la vez me siento totalmente interpelada y apasionada por poner este tema por escrito como si esa fuese también una forma de reparar la historia de mi árbol. Estoy escribiendo estas líneas desde un cuarto en una pequeña ciudad de Italia. La ventana del cuarto da al edificio de tres pisos de enfrente donde cada departamento tiene un balcón. En esos balcones a la mañana temprano y por la tarde se sientan abuelas a mirar la gente pasar. A las más grandes las veo con la mirada perdida; a las más jóvenes, las veo curiosas y con un tinte juzgón, como si ellas estuviesen al mando del barrio. Verlas todos los días en el balcón me genera nostalgia, empatía, pero sobre todo mucho amor, ya que me hacen acordar a las veces que mi abuela nos esperaba sentada afuera de su casa debajo de un reparo. Conectar con estas abuelas me trae el recuerdo de las mías y mi mente comienza a asociar a una velocidad impresionante: ¿cómo puede ser que mi abuela se sentaba a la espera de la misma forma y a la misma hora que estas señoras que tengo a mi alrededor? Parece algo muy rebuscado, pero me hace pensar en que estas abuelas no tienen nada de diferente a las mías: todas son extranjeras para mí y, a su vez, yo soy extranjera para ellas. Las emociones sin procesar producto de las migraciones han generado en mi árbol un sinfín de repeticiones, y aquí estoy yo intentando reparar mi historia.

La repetición transgeneracional se da dentro del sistema del árbol genealógico con el objetivo de asegurar su supervivencia. Es decir, repetimos comportamientos o situaciones, a veces de forma sutil y otras veces de forma literal, porque para nuestro clan dichas acciones los ayudaron a sobrellevar el trauma. Repetimos por lo general de forma inconsciente porque de alguna manera funcionó en el pasado y nuestro sistema interpreta que también funcionará en el presente, aunque carezca de sentido. A su vez, este sentido de supervivencia tiene total correlación con el sentido de pertenencia. En la prehistoria, los seres humanos estaban expuestos a amenazas constantes que podían repercutir con el desarrollo natural de la tribu o directamente con la vida. Eso implicaba que la tribu siempre esté junta. Salir y explorar el mundo era impensado dentro del marco de protección de estos grupos porque salir de la tribu implicaba la muerte. En este sentido, elegimos lo conocido y lo seguro porque de esta manera podemos pertenecer y, por ende, sobrevivir. Repetir el patrón de forma inconsciente es una manera de seguir siendo aceptados por el sistema para no quedar fuera de él.
Para poder comprender los patrones de repetición es importante recurrir a la epigenética. La epigenética estudia la modificación de nuestros genes a partir del ambiente; es decir, las experiencias que vivimos a nuestro alrededor tanto a nivel micro como macro, van a repercutir en la función genética. Entonces, si mi bisabuelo tuvo un accidente grave o falleció al caerse de una escalera mientras arreglaba algo, entonces yo voy a entender que las alturas son peligrosas aunque en mi vida actual no haya nada que haya disparado ese miedo, entonces se vuelve carente de sentido, y esa es la clave. Cuando hay una carencia de sentido, es probable que eso que siento o hago esté dentro de mis genes como información vieja sin procesar que quedó alojada allí. Las migraciones, al igual que cualquier otro trauma colectivo, han sucedido a causa de factores que han afectado la calidad de vida de las personas, como guerras, hambrunas, crisis económicas, inseguridad, etc. Nuestros ancestros han migrado porque fue la mejor solución que pudieron encontrar para la realidad que estaban viviendo. Tal movimiento expuso al sistema nervioso a un sinfín de situaciones nuevas y desafiantes que han generado un trauma que difícilmente pudo procesarse, ya que la supervivencia se garantizaba al hacer y mirar para adelante, en vez de detenerse a expresar las emociones. Charlar sobre lo que les pasaba a nuestros ancestros no iba a hacer nada por cambiar su realidad; debían seguir sometiendo al cuerpo a situaciones estresantes para poder sobrevivir.
En mi caso, tuve dos abuelas que han venido solas de Europa escapando de la miseria, la hambruna y la guerra. Me imagino lo triste que habrá sido para ellas haber dejado sus tierras, pero sobre todo sus madres, en una época en donde solo existía la correspondencia por carta. Con ese dolor en el corazón y con el miedo terrible que habrán sentido por tener que abrirse al mundo solas, sin grupo de contención, tuvieron que enfrentarse a una de las cosas más difíciles a la hora de migrar: el idioma. Las repeticiones transgeneracionales se pueden manifestar de diversas formas. En mi caso, he logrado observar repeticiones puras y repeticiones por compensación (como un intento de reparación) en mi propia historia y en la de mi familia de origen. Mi papá trabajó por cuarenta y tres años como señalero en un aeropuerto. El aeropuerto, ubicado tan solo a 10 minutos en bicicleta de la casa de mi infancia, era mi segundo hogar. Hemos viajado por todo el mundo gracias a la profesión de mi papá. Mi madre, por su parte, trabajó por treinta y nueve años en el registro civil de la ciudad donde crecí, haciendo documentos de identidad, certificados de todo tipo y pasaportes. Mi hermano, que actualmente trabaja en el aeropuerto también, ha estudiado para ser piloto de planeadores y, por mi parte, he estudiado traductorado de inglés y profesorado universitario, actualmente vivo en el extranjero y estoy en pareja con una persona que ha estudiado idiomas y es políglota. Definitivamente en nuestro inconsciente familiar se alojan memorias de dolor con respecto al dejar tierras atrás y a la dificultad para comunicarse no solo en el propio idioma, sino en el idioma extranjero. Replicar temáticas relacionadas con el extranjero, los viajes, los idiomas y la comunicación inconscientemente nos lleva a conectar con esas memorias como un intento de repararlas, de sanarlas. Dichas temáticas pueden verse en mi carta a través de un cargado eje 3-9, un mercurio en 11 o un Sol trígono Urano, por ejemplo.
Ponerle voz a estas historias traumáticas a fin de transmutar las emociones que quedaron sin procesar es el primer paso para poder vivir una vida más plena y consciente. Verbalizar genera siempre un movimiento, algo se desbloquea internamente y a nivel del sistema. Con la ayuda de actos simbólicos, visualizaciones o constelaciones, entre otros, podemos dar un pasito más en el proceso de sanación del clan, donde lo que quedó pendiente se restaura y lo que estaba hipertrofiado se equilibra.


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